Florence Nightingale, una
mujer extraordinaria considerada precursora de la enfermería moderna, afirmó:
“El ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede
infligir a una persona, ya esté sana o enferma”. Casi dos siglos más tarde, la
ciencia ha confirmado que nuestro cerebro necesita el silencio casi tanto como
nuestros pulmones el oxígeno.
El silencio contribuye a
regenerar el cerebro









